ESTILO
PERSONAL
Dama del vinoo
Por Federico Croce
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Durante más de 25 años se ha desempeñado como una de las caras visibles de Bodega Familia Zuccardi. Comenzó dando charlas sobre vino, y hoy es la responsable de marketing y comunicación de esta gran empresa mendocina. Mujer de palabras amenas y conversación atrapante, Ana nos cuenta sobre su vida y sus ideas para promocionar el “elixir de los dioses”. |
Ana Amitrano recibe a Club House en su casa, y luego de controlar al perro gigante que oficia de guardián; saluda e invita a pasar. Una vez adentro, sorprende al cronista y a la fotógrafa, pues al llegar al living se encuentran con tres copas y un malbec Santa Julia listo para ser degustado: el mejor introito para comenzar una charla sumamente encantadora.
Los comienzos
La conversación inicia con un dato revelador: Ana cuenta que esto de ser empresaria se le fue dando como un camino marcado, la vida la fue llevando. Para sorpresa de muchos, cuando tenía veinte años ejercía la profesión de fotógrafa. “Era raro en esa época: una fotógrafa mujer y que además se dedicara a hacer sociales… producía un trato también raro hacia mí: por ejemplo, en un casamiento, me sentaban en la mesa principal. Lo cierto es que heredé esa profesión de mi abuelo, un gran fotógrafo mendocino”.
Luego llegó el casamiento con José Alberto Zuccardi, y al quedar embarazada de su primer hijo -Sebastián- dejó la fotografía. “Estuve prácticamente un año sin hacer nada porque supuse que me iba a dedicar simplemente a ser madre… pero apenas nació el bebé me di cuenta que la vida de ama de casa no era para mí, y a los meses comencé nuevamente a trabajar”.
A los 25 años, sin saber absolutamente nada de marketing y técnicas comerciales, comenzó a trabajar en la empresa de su entonces esposo y desde allí poco a poco empezó a construir lo que es ahora uno de los fuertes indiscutidos de Bodega Familia Zuccardi: su área comercial y de comunicación.
“Me doy cuenta que he ido aprendiendo y creciendo junto a la empresa. Hoy, mirando hacia atrás reconozco que todas las tareas de la bodega que tienen que ver con lo comercial en algún momento las he hecho yo… no me faltó ninguna. Todas estas experiencias y vivencias son las que considero que me han dado el manejo que he adquirido”.
Madre y empresaria
“Soy consciente que tuve facilidades que otros no han tenido: siempre trabajé en una empresa que era de mi marido y por eso pude acomodar mis horarios, cuidar a mis tres hijos.
Yo creo que las mujeres somos culposas: siempre algo de culpa vamos a tener. En mi caso, hasta que mi hijo menor no cumplió los 14 años, yo no viajaba o lo hacía por el día –en una época, recuerdo, viajaba a Buenos Aires todos los viernes a la mañana y volvía a la noche: era como si su mamá estuviera en la oficina-. Siempre fue fundamental para mi estar con los chicos, acompañarlos, asistir a los actos de la escuela, pertenecer a la cooperadora. Me animé a viajar y adquirir nuevas responsabilidades y desafíos cuando sentí que ya estaban formados. En esto siento un privilegio, porque me doy cuenta que cualquier mujer no puede elegir horarios de trabajo, adecuar su trabajo a su vida familiar, etc. Hoy, como mis hijos han crecido, mis horas y mis días están prácticamente dedicados al trabajo”, cuenta Ana.
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